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QUÉ SIGNIFICA SER LUTERANO

¿QUÉ SIGNIFICA SER UN CRISTIANO/A LUTERANO/A?

 

Conocemos y profesamos el amor y la misericordia de nuestro Dios por medio de Jesucristo. Nuestros pecados han sido perdonados a causa de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. No necesitamos temer el castigo eterno de Dios porque gozamos de Su amor que produce en nosotros una plena confianza en Dios y le podemos amar y servir de todo corazón. Podemos leer la Biblia para aprender más acerca de esta bondad de Dios y afianzarnos en ella. Podemos dirigirnos directamente a Dios, nuestro Padre celestial, en oración. Podemos adorar a Dios en nuestro propio idioma. Podemos servir a Dios en la obra de la Iglesia y en nuestra vida diaria. Podemos servir al prójimo con amor y dedicación. Podemos vivir unidos en nuestras familias porque contamos con la reconciliación que hemos recibido de Cristo. Porque lo más importante es que tenemos la certeza y la confianza de ser de Cristo.

Somos Cristianos Luteranos. Nuestra herencia está basada clara y sólidamente en Cristo, Su Palabra y Su Iglesia. Estamos seguros que hemos recibido las bendiciones que Dios nos ha dado en Cristo Jesús, Su Hijo. Podemos dar gracias a Dios por todas estas bendiciones y procurar que jamás las perdamos ni dejemos que nadie nos las arrebate. Debemos abrigar el fervoroso deseo de compartir las Buenas Nuevas con otros, invitándolos a confiar en Cristo como su único Salvador. Sobre todo, debemos procurar, por la gracia de Dios, ser fieles hijos/as de Dios.

Esto no nos hace mejores que otros. Al contrario, nos motiva a ser humildes, compasivos, entregados a servir el prójimo, siempre ocupándonos de proclamar las Buenas Noticias de Jesucristo a otros.

No siempre es fácil ser Luterano. Nuestra doctrina afirma que el ser humano tiene salvación únicamente en Cristo, porque la verdad descansa en cuatro hechos divinos, cuatro columnas verdaderas y no en nosotros mismos, ni nuestra razón ni siquiera en nuestras buenas intenciones. Sin lugar a dudas, somos salvos sólo por gracia, solamente por las Sagradas Escrituras, sólo por fe y solamente por Cristo.

Muchas personas, creyentes de otras iglesias (especialmente de la Católica Romana y de las llamadas evangélicas) y los no-creyentes, nos critican y nos juzgan. A veces los Luteranos se desaniman, pensando que es mejor “ser más como los demás; ser como los evangélicos” y “tener cultos y prácticas igual que los evangélicos” porque parece ser más atractivo y productivo. Lo que parece difícil es realmente una lucha con y en nosotros mismos, porque por naturaleza nos gusta pensar que podemos “hacer algo” para merecer la salvación de Dios. Sin embargo, la fe Cristiana, la que el Espíritu Santo crea y sostiene, nos motiva a descansar única y totalmente en la gracia de Dios. Por eso, nuestra identidad Luterana siempre trata de volver a la esencia de la fe: descansar en la gracia de Dios, negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz de Cristo, seguirle.

La Iglesia Luterana tiene una tarea muy especial entre las demás iglesias Cristianas. Dios nos ha dado en las Confesiones Luteranas, una forma clara y concisa de explicar la verdad de Su Palabra. En ellas encontramos a Cristo y la salvación que El nos da. Por eso somos Luteranos, no por lo que Martín Lucero haya hecho sino por lo que Cristo hizo por nosotros, y continúa haciendo por nosotros. Por eso somos Luteranos, con la importante responsabilidad de compartir este gran mensaje con todo Panamá y de vivir el amor de Dios humildemente pero con gran dedicación y claridad, haciendo el bien a los demás, en el nombre de Cristo. Sin jactancia ni orgullo, confiamos en Cristo. Por nuestros propios meritos no somos dueños de la verdad ni los únicos salvos. Al contrario, la verdad es de Dios y los que confían en El tiene salvación, porque cuando somos de Cristo, confiamos en El.

Para cumplir esta responsabilidad no tenemos (ni debemos) convertirnos en “evangélicos” o mezclar las enseñanzas de las iglesias evangélicas con las nuestras. De esta manera podemos perder y confundir nuestra identidad. Porque somos Luteranos, debemos serlo por entero. No es saludable tener una mezcla de identidades o doctrinas; esto solo trae confusión, divisiones y discordias entre hermanos y en las congregaciones. Es necesario mantener firme nuestra posición (no porque depende de nosotros, sino porque depende de Dios y Su Palabra) y siempre revisar nuestra identidad a fin de mantenerla bien definida, funcional, y sobre todo, fiel y centrada en Cristo.

Es preciso que nos ocupemos de crecer hacia Cristo, nuestra cabeza, y madurar en la fe. Nuestra identidad Luterana se fortalecerá en la medida que estudiamos la Palabra de Dios y celebremos los Santos Sacramentos. Y así nos convertimos en instrumentos de las Buenas Noticias de la muerte y resurrección de Cristo.

 

Marcos Kempff
Abril del 2005

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